miércoles 1 de febrero de 2012

Espacio privado




La obra de Virginia Woolf ayuda a comprender la condición intelectual de la mujer a lo largo de la historia.
Los obstáculos impuestos por la sociedad patriarcal a la educación de la mujer embargaron su independencia. Virginia abogó por ese espacio de libertad personal, económica y social que les permitiera a las mujeres desarrollarse plenamente.






Espacio de libertad personal, llamado “Espacio privado”, es el lugar y el tiempo propio que no se dona a otras personas, que se procura para sí mismas, alejadas del espacio doméstico o del público; es ese espacio en el que las personas se cultivan para proyectarse.




miércoles 25 de enero de 2012

Guía de recursos: Violencia en la familia




En esta "Guía de Recursos de Asistencia", encontrarás toda la información necesaria sobre la ayuda a mujeres víctimas de violencia y/o trata, en Argentina.




Para ver o descargar el documento, hacer CLICK sobre la imagen.















domingo 25 de diciembre de 2011

El agresor es un delincuente...



La violencia en el hogar se produce cuando alguien se cree con el poder de abusar de otro u otros, cuando ocasiona un daño físico, psicológico o económico a otro miembro de la familia.









Un interesante artículo del Presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia.

Lo que busca toda violencia es la anulación del otro. Y no necesariamente en términos físicos, sino también la anulación identitaria. Si partiéramos de la base ideal de que una relación entre dos personas es simétrica, la violencia siempre va encaminada a modificar ese equilibrio, a que a través de la fuerza se anule el porcentaje de influencia de la otra persona. En el caso de violencia hacia la mujer se da otro componente importante, que es el de la posesión y que va encaminado a dominar e imponer totalitariamente una serie de parámetros. ¿Por qué? Porque tradicionalmente el hombre ha sido educado en base a la idea de que la mujer, de alguna manera, le pertenece, es inferior o es algo que puede manejar. Los agresores usan ese presupuesto ideológico para justificar la violencia que ejercen.
El agresor, en principio, no es un enfermo pero sí es un delincuente, tal y como están establecidas las leyes.
«Los hijos son receptores de esa violencia aunque no reciban ninguna bofetada»

Los hijos son siempre receptores directos de la violencia aunque no hayan recibido una bofetada, ningún zarandeo, ni una mala respuesta.
De entrada, son espectadores de un clima de estrés, de tensión...
Eso les afecta porque no saben interpretarlo. Se contaminan los procesos de referencia que tiene el niño a la hora de construir su conducta o su propia personalidad. Diría que el efecto traumático puede ser más grave incluso cuando el padre trata con cariño a los hijos de manera clara y luego agrede de manera evidente a la madre.
La sintomatología psicológica en los niños, es similar a la de las madres: estrés postraumático, trastornos de ansiedad, desordenamiento de la conducta. En cuanto a la transmisión intergeneracional del maltrato, existe la posibilidad de que los niños masculinos repitan el patrón del agresor y las niñas el de la víctima, pero es un fenómeno que no se da siempre. Hay una serie de factores de riesgo, y haber sido expuesto a la violencia en la familia de origen es uno de ellos, pero no es determinante. Hay otros factores que son sociales, como cualquier código machista, una educación autoritaria.

Andrés Montero Gómez
Psicólogo
Presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia

viernes 25 de noviembre de 2011

25 de noviembre - Día Internacional para la Eliminación de la Violencia de género




En 1999 la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 25 de noviembre como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Y año tras año se invita a todos países y organizaciones civiles a organizar actividades para sensibilizar a la opinión pública sobre el problema de la violencia contra las mujeres.




Mujer. Ni hoy... ni nunca... niegues el lado violento del abusador.
Él no necesita tu amor... sólo necesita una víctima que permanezca en silencio y soporte todo.
Corre!! hay otra vida.





Salir corriendo




Nadie puede guardar toda el agua del mar
en un vaso de cristal
¿cuántas gotas tienes que dejar caer
hasta ver la marea crecer?
¿cuántas veces te ha hecho sonreír?
esta no es manera de vivir
¿cuántas lágrimas puedes guardar
en tu vaso de cristal?
si tienes miedo, si estás sufriendo
tienes que gritar y salir, salir corriendo
¿cuántos golpes dan las olas
a lo largo del día en las rocas?
¿cuántos peces tienes que pescar
para hacer un desierto del fondo del mar?
¿cuántas veces te ha hecho callar?
¿cuánto tiempo crees que aguantarás?
¿cuántas lágrimas vas a guardar
en tu vaso de cristal?
si tienes miedo, si estás sufriendo
tienes que gritar y salir, salir corriendo

Amaral





sábado 20 de agosto de 2011

Maltrato


Una interesante columna sobre la violencia en los niños, de la psicóloga y escritora chilena Pilar Sordo.



Maltrato, o mejor dicho, técnicas de buentrato

En mi humilde opinión, negar las realidades nunca ha sido bueno, ya que no permite tomar conciencia y por lo tanto no se realizan los cambios. Sin embargo, desarrollar demasiado un concepto negativo tampoco tiende a ayudar, porque sólo nos centra en el problema y no nos deja de ver las soluciones.


Un poco de esto es lo que está pasando con el concepto de bulling, que por tanto hablar de cómo corregirlo, hemos dejado de estimular las virtudes y la buena convivencia escolar. Parece ser “un buen negocio” portarse mal. Todo el mundo habla de ellos, y nadie de los niños virtuosos y respetuosos como para ver cómo los “fotocopiamos” para que haya más como ellos.


Definir el maltrato es un fenómeno complejo que tiene muchas aristas, pero creo que es importante analizar cosas cotidianas que tienden a producirlo. En lo cotidiano no cabe ninguna duda que estamos con menos paciencia; la tolerancia puede haber aumentado en los grandes tópicos de la humanidad, pero en lo cotidiano, en el saber esperar, en el respeto por el otro, claramente no es así. Es paradójico; tenemos todo para estar más reposados y, sin embargo, la tecnología, el estrés y la vida diaria nos hacen cada vez más impacientes y poco tolerantes.


Creo que todo el mundo sabe que maltratar a un niño o a un adulto es malo, poco sano y poco correcto. El tema es por qué, sabiéndolo, lo seguimos haciendo.









Una posible causa es que como adultos de hoy y niños de ayer nos cuesta percibir los daños que para nosotros tuvo el que nuestros padres nos pegaran y nos dijeran cosas ofensivas. En alguna parte de nuestro ser sentimos que fue una forma de educar que tan malas consecuencias no trajo, por lo tanto, en nuestro inconsciente, sigue siendo –mientras no lo asumamos como negativo– una posible forma de educar cuando el diálogo lo sentimos agotado.


Por otro lado, con la intromisión del alcohol y las drogas se hace más fácil, hasta desde el punto de vista cerebral, perder los controles y pasar esas barreras que producen el daño.
Otro elemento son los factores ligados a la pobreza, como el hacinamiento, los abusos de poder, la delincuencia y todo lo que ellos traen.


Pero el maltrato no sólo ocurre en los sectores más desprovistos, y por lo tanto aquí entramos en fenómenos más complejos que tienen que ver con definiciones importantes de la vida. La concepción de la felicidad asociada erróneamente al tener y al placer, parecen ser fundamentales en esta pérdida de sentido de vida que lleva a un ser humano a perder el control de sí mismo para poder dañar a alguien que conoce y que, la gran mayoría de las veces, ama.


En términos de estructura de personalidad, el control o la necesidad de tenerlo parece ser fundamental en este proceso. Cuando yo necesito tenerlo al frente y lo pierdo, la necesidad de ser violento aparece como una solución para recuperarlo y volver a sentir poder frente al otro y, por supuesto, frente a sí mismo.
En este punto, trabajar con la paz interior, con una buena autoestima y con una seguridad puesta en el SER y no en el TENER, parece ser la clave para recuperar el equilibrio.


Creo que el problema del maltrato, como quizás de todos los problemas psicológicos, no tiene que ver con el otro, sino que suceden en el mundo más interno del ser humano y, por lo tanto, debe ser tratado desde ahí.
Quiero hacer hincapié en algo que puede ser un pequeño ejemplo dentro de muchos, pero que refleja cómo el problema trasciende y se agrava aún más. Me estoy refiriendo a la normalización de la violencia, y lo “normal” que es hoy para los niños decir “te odio”, “no te soporto”, etcétera, como si no se evaluara el significado de lo que se está diciendo.


Yo tengo que corregir permanentemente a mis hijos, cada vez que en forma espontánea dicen estas palabras, y otras más, que les son tan normales.


El poco uso del vocabulario, la escasa diversidad de palabras, el enorme uso agresivo de garabatos y el abuso de la tecnología, están haciendo que cada vez hablemos menos y más mal, con lo cual la posibilidad de solucionar conflictos a través del diálogo se nos hace más difícil.


Hay muchas expresiones que a mi juicio motivan y estimulan la violencia. Una de ellas, usada en forma inconsciente, es la que se utiliza cuando un adolescente termina una relación de pareja y dice que “pateó” al pololo. ¿Se han dado cuenta de la gravedad y lo fuerte de esa frase? Y sin embargo es de uso cotidiano, donde la normalización de la violencia adquiere gran magnitud.


Creo que todos somos responsables de estos procesos. No podemos culpar al mal llamado “sistema” de estos comportamientos. Si todos fuéramos más amables, más solidarios, más concientes de nosotros mismos y de nuestras historias, podríamos dar vuelta estos mecanismos que tanto daño nos hacen.


Nuestra naturaleza imperfecta nos hace cometer muchos errores, y justamente con los que más amamos; sin embrago debido a esto mismo es que estamos llamados a hacernos cargo, a estar alertas de nuestros daños y de nuestra historia, para no repetir circuitos que claramente nos afectan y complican nuestra salud mental.
Hay que trabajar en desarrollar prácticas de buen trato; quizás así los que no saben aprendan, y los que saben se hagan responsables. Si estimuláramos las virtudes se corregirían muchos daños, mostraríamos caminos de salida, y quizás, esta columna no tendría sentido.

Pilar Sordo

domingo 31 de julio de 2011

¿Qué es el abuso?



Abuso



Abuso es una palabra que hace referencia a la violencia, tanto psicológica como física. Es abuso cualquier comportamiento encaminado a controlar y subyugar a otro ser humano mediante el recurso al miedo y la humillación, y valiéndose de ataques físicos o verbales.








Es decir, que son abusos la prepotencia, la arbitrariedad, las expresiones de desprecio, los reproches exagerados y toda forma de comportamiento que por medios similares tienda a esos fines. Dicho de otra manera, no es necesario que a uno lo golpeen para que haya abuso.
Cuando hay castigo físico, las armas son los puños; si el castigo es psicológico, las armas son palabras. La única diferencia entre las dos categorías está en la elección de las armas.


Del libro: "Cuando el amor es odio" de Susan Forward



sábado 21 de mayo de 2011

Poema contra la violencia de género

No caben más esperas






No caben más esperas,
más treguas al destino;
hoy decido poner final a nuestra historia
y volver a empezar yo sola mi camino.

Devuélveme la luz que te llevaste,
la vida y la esperanza que he perdido,
y quédate tú entero y para siempre
el cielo que me habías prometido.

Devuélveme mi voz y mis anhelos,
la voluntad que tuve secuestrada,
las horas que te he dado de mis noches,
el sol que le has robado a mis mañanas.

No caben más esperas, más engaños;
que ya tengo la espera desgastada.
Hoy pongo un rumbo nuevo a mi odisea
y doy por terminada esta batalla.

Atrás queda el silencio y la carcoma,
el desmotivo lento de las tardes,
el ventanal abierto de un deseo
que un día terminó por marchitarse.

Mañana no habrá duda en mi cuaderno,
ni miedo ni nostalgia en mi mirada;
pues tú serás ya parte del pasado
que quedará enterrado entre la nada.

María Paz Cerrejón